La Espera

Ha sido un día largo. Primero el master en la facultad. Luego una reunión con el Decano. Durante la sobremesa tuvo que lidiar con un problema de la editorial en la que dirige una colección. Para él, su día no ha sido mucho mejor. Dos horas explicando a cuarenta desaprensivos la ascesis pictórica de Rothco. Más tarde ha asistido a unas jornadas sobre homeomorfismo y topología de los complementarios finitos en la mística iraní.

Así cuando llega el atardecer, se reúnen en el ático que comparten en el casco antiguo de la ciudad. Se acomodan en el salón. Ella lee una versión alemana de un clásico Béroul. El libro tiene tantos años que sus páginas, ahora marrones, hacen un leve crujido cuando se las roza. Con el libro en su regazo, contempla como los últimos rayos de sol asoman por el perfil de él. Está sentado en la butaca opuesta de la sala, con el amplio ventanal detrás. Con su porte habitual, finge no sentirse observado. Relee por enésima vez un ensayo sobre el sufismo chiita escrito por Henry Corbin. «La Idea Shiita del ta’wîl, la exégesis espiritual esotérica que percibe y transmuta todos los datos materiales, las cosas y los hechos en símbolos y los «reconduce» a las Personas simbolizadas.» (Henry Corbin, 1993, p. 43). Escucha atentamente el suave crujido que hace el libro de Béroul cada vez que ella pasa una página, y sonríe.


Nunca lo admitirían pero ambos gozan de estos momentos de solitaria compañía. «… en el caso de posesión amorosa compartida («solitarios en pareja» en la descripción de Nietsche), como la que Gottfried celebraba en su gruta del lecho cristalino, de la Minne Grotte, surge inmediatamente un lenguaje secreto inteligible de signos y palabras, del que en el mundo queda automáticamente excluido» (Campbell, 1991, p. 118)

Con las primeras luces de la noche le pregunta si quiere ir a la cama. Ella le responde con la famosa cita de Flaubert: «duda cuando esperes, espera cuando dudes». Él la mira a los ojos, nota como el espacio físico se reduce a ellos dos, lo ininteligible se materializa en mera abstracción onírica, y dice: «cariño, ¿¡Entonces hoy vamos a follar o no?!»


CAMPBELL Joseph, 1991, Las máscaras de Dios: mitología creativa, Alianza, Madrid
CORBIN Henry, 1993, La imaginación creadora, Destino, Barcelona

2 Comentarios:

Anónimo

Me gusta -diría que mucho, aunque hay problemas de ritmo-, pero creo que:
a) Sobran las exclamaciones
b) Y algo como <>... no sé.
Bueno, eso, que me ha gustado, aunque no me gusta que sea él quien lo dice, le da un punto tópico (?¿)

zo

Pan

Tomo nota de tus indicaciones, piensa pero, que esto lo escribí hace casi dos años... algo he mejorado.
Sobre el hecho de qué sea él quien lo dice me importa más bien poco. ¿Quien te dice a ti que tu tampoco seas un tópico que cree no serlo?

Saludos

Coman Pan
y luego denle también Pan a su perro