Una buena película

Fundido en negro. Aparece de nuevo la playa donde transcurre una de las escenas. Las olas se estrellan con violencia sobre una playa desierta. El cielo está gris y el viento sopla. Los dos personajes se alejan caminando de espaldas a la cámara hacia el ángulo izquierdo del cuadro. Se oye una melodía muy sencilla de piano. Aún sobre la imagen de la playa agitada por el viento, en la parte derecha aparece «dirigida por Isabel Coixet». Desaparece para dar paso a la frase «basada en la novela de Philip Roth». Otro fundido en negro y empiezan a ascender los créditos, la melodía de piano sigue sonando. La gente se pone en pie y se va de la sala. Los dos se quedan sentados mirando la pantalla. Se acaban los créditos, las luces se encienden invitando a abandonar la sala. Se ponen en pie y se van en un silencio que dura lo que tardan en atravesar el pasillo que da a la calle.
- Me gustan las películas en las que sales hablando de lo mismo de lo que hablabas antes de entrar – interrumpe él. – O si no, aquellas en las que simplemente no te quedas en esta clase de silencio extraño.
- A mí si no me afectan de algún modo no me gustan. No valen la pena.
- Por eso mismo no me gustan a mí. Yo ya pienso durante el día. Me gusta el cine como evasión, no como reflexión para hundirte aún más.
Avanzan hacia el coche. Enciende el motor y arrancan. En la radio suena un jazz muy suave.
- Pero a veces es necesaria esta reflexión – continua ella – Ver las cosas desde otro punto de vista. Aclararse. No es lo mismo lo que uno piensa que lo que uno siente… –
- Sigue por favor. No sé lo que quieres decir pero suena bien.
- No deberías preocuparte tanto por que la película te pueda entristecer y preocúpate por madurar. No te hundes si no quieres. Porque tu no quieres ¿no? –
- ¿Lo preguntas en serio? ¿O es un efecto de la película que acabamos de ver?
- Te pones nervioso cuando hablamos de cosas así.
No hay tráfico. Van solos por una autopista en medio de la noche. El coche toma suavemente una curva.
- No sé… creo que no es necesario ponerle piano a todo.- dice él.
- ¿En serio? -
- Lo hace constantemente. Hace cualquier película y antes de ponerse a escribir el guión contrata al tipo del piano. ¿Te acuerdas de su anterior película? Le puso piano a casi sesenta minutos del film. Le pasa como a mi tío con las patadas. Sí, sí, coge una cosa, la tira al suelo y le pega una patada.
- Tu tío, es mayor, son tics de la edad. Y además lo que has dicho es una patillada, la comparación no tiene sentido.
- Si que lo tiene, imagínate que hiciera películas; las haría a patadas. Lo que quiero decir es que hay otras maneras. Por ejemplo Woody Allen es un director que es capaz de hablar de cosas serias sin ponerle música de piano a todo.
- Es curioso porque a mi Woody Allen me evoca soledad. El prototipo de hombre solitario en la gran ciudad estadounidense. Sus películas siempre me han parecido tristes.
Llegan a una gran rotonda y el coche frena, para luego coger velocidad de nuevo.
- Por cierto ¿te apetece ir al mirador de la Cisa?
- ¿Ahora?¿ de noche?.
- Sí, desde aquí tardo cinco minutos.
- Huy no, que me da miedo ir a la montaña de noche. ¿No leíste el periódico ayer? El otro día encontraron en esa zona el cuerpo de un hombre que se había ahorcado. ¿Imagínate que vamos y encontramos un cadáver, o a un tipo apunto de suicidarse?
- Pues haría lo mismo que si me encontrase a una pareja follando. Pasar discretamente por el lado y mirar de reojo.
- ¿Y ya está?
- Tú piénsalo. Con lo que cuesta tomar una decisión así, suicidarte, lo único que falta es que venga un desconocido y te convenza de lo contrario. Sería una putada.
- Supongo que bromeas. No creo que de verdad hicieras eso.
- En el caso de la pareja follando sí.
Se detienen en una calle. Aparca el coche sin mucho esfuerzo. Apaga el motor del coche que se resiste con un leve ronroneo para luego dejar de funcionar. Desconecta la radio. La música se acaba. Cierra las luces y los dos abandonan el coche.

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