El Secreto de la Fritura

Un veterano periodista impartía clases en una conocida universidad de la capital mientras uno de sus alumnos tomaba notas para escribir luego una historia de ficción.
El experimentado profesional tenía maneras de mercenario. Cada vez que terminaba una frase arqueaba las cejas, uno temía que en cualquier momento le saliesen disparadas hacia el techo. «Otra cualidad indispensable es la capacidad para resistir la frustración». Lo que explicaba el cinismo y la crudeza con la que hablaba de todo. Se mostraba expeditivo y se jactaba de no querer caerle bien a todo el mundo. «Desconfiad de la gente que sea muy simpática».

Se puso en pie y se acercó a la pizarra. «Estamos contando historias». A continuación dibujó un triángulo. Una a una, anotó en cada una de sus puntas las palabras: «hechos, personajes y circunstancias». Según él, eran los elementos que componían cualquier historia.

Como personaje el periodista era un hombre de algo más de sesenta años. Vestía una camisa blanca de la que transparentaba un paquete de Malboro en el bolsillo. Si le hubieran puesto detrás de la barra de un «bar Manolo» no hubiera desentonado. Pero ahora la mayoría de «bares Manolo» los regentan chinos y el dato no importa para explicar la historia. Él era un profesional con treinta y siete años a las espaldas, que dos tardes a la semana daba clases en la facultad. Cualquier otra cosa que se dijera, sobraba.

El lector de periódicos leía el título, el subtítulo y el final. Con eso decidía si la lectura del resto del texto valía la pena. «Piensen en titular cuando caminen por la calle». Consciente de que su clase estaba sometida a las mismas leyes inundaba su explicación de frases lapidarias y anécdotas. «Recuerden, la realidad siempre supera la ficción». O esa anécdota que contaba sobre Hemingway. Sus editores lo enviaron a España porque querían alguien como sus lectores. «Analfabeto en el tema» decía sin atisbo de reírse. «Los medios de comunicación estamos para reforzar el arquetipo». 

El estilo del periodista debía ser breve rápido y conciso. Sujeto verbo y complemento verbal. No era bueno intentar hacer frases de más de doce palabras.
Cuando acabó de escribir en la pizarra explicó que lo único que variaba una vez establecidos los tres elementos principales de cualquier historia era la focalización. La importancia que se le daba a cada una de las puntas. Había historias en las que lo importante era el hecho. Un descubrimiento científico, una hazaña deportiva, un acto político. En otras las circunstancias como por ejemplo un asesinato durante un Barça-Madrid, el asesinato era baladí, lo importante era cuando había sucedido. En otras historias lo importante era el personaje. Una chica que estaba sentada en la última fila preguntó si eso no era manipular la historia de un modo sensacionalista.

« Sí, es cierto. Nosotros manipulamos, pero lo hacemos del mismo modo que un cocinero manipula los alimentos. Convertimos los datos en historias.»


*Si el mismo periodista luego se hubiera ido a comer algo probablemente hubiera pedido esto: un clásico de la gastronomía baretil patria.

BOCADILLO DE LOMO CON PIMIENTOS Y QUESO

Ingredientes:
media barra de pan tierno.
- 4 lonchas finas de lomo adobado.
- 2 pimientos de piquillo cortados en tiras.
- 2 lonchas de queso semicurado.
- Un cucharada de aceite de oliva
- 1 periódico del día a poder ser izquierdoso o deportivo

Preparación:
En una sartén verter una cucharada de aceite de oliva y calentar a fuego medio. Cocinar el lomo hasta que adquiera un color blanquecino. Abrir el pan por la mitad longitudinalmente y en su interior disponer el lomo adobado. Disponer encima las lonchas de queso y las tiras de pimientos de piquillo.
Comer caliente acompañado del periódico del día, en su defecto un periódico deportivo bastará.

3 Comentarios:

Eastriver

Brindo por tu ironía. Y por las frases lapidarias del profesor y de quien lo cuenta. "Estamos aquí para reforzar el arquetipo"... para ponerse a temblar. Brindo también por esa honestidad del profesor que tiene algo de jactancioso, lexema que muy acertadamente empleas.

Lo peor no es que el mar esté negro. Lo peor es que nos enseñan para que continuemos ensuciándolo. Y que viva la crítica.

Juanma

Los publicistas y los periodistas sois el demonio.

Pan

Ramon, «Recuerden, la realidad siempre supera la ficción » no te costará mucho averiguar el quit de la historia.

Juanma, Sin Duda . Pero ya sabes que para mi el heavy metal, demonios, publicidad y los malos de película que en el fondo todo el mundo quiere que ganen están conectados. Como el Pan, que le pega a todo.
Viva el mal (how how how)