Del Pan al Organetto sin dejar de tocar la flauta

Hace unos meses que entregué mi tesina y salvo tragedia administrativa puedo decir que he realizado con éxito el Máster de «Estrategia y creatividad publicitarias» de la Universidad Ramón Llull. La tesina en sí es un trabajo de noventa páginas, algunas más entretenidas que otras y otras que directamente hubieran hecho que Jordi Hurtado se durmiera, pero si tuviera que elegir alguna de ellas me quedo con la conclusión y la introducción.

La conclusión es como el anuncio de central lechera de Paco Lobatón (ver enlace). Parece un trabajo al uso pero en la última frase se suelta y te deja clavado en la silla. La introducción por contra desde el principio no es convencional. Me di el gustazo de hacer algo deliberadamente narrativo y poco académico. Esta parte del trabajo tiene más que ver con lo que hago habitualmente en el blog que con una tesina pero como era mi tesina, hice lo que yo quise. Desde aquí agradecer a Miquel Altarriba, mi tutor, por dejarme hacerlo.

Disfrutad de los fragmentos que os dejo.

Y por cierto,
Feliz 2012

INTRODUCCIÓN
Mi relación con la música es muy anterior a mi relación con la publicidad. La música, a diferencia de la publicidad, requiere unos inicios tempranos. Así que puedo decir sin equivocarme que fui músico antes que publicitario.

Empecé a estudiar flauta de pico con siete años sin saber muy bien el porqué, pero debió de gustarme ya que seguí haciéndolo durante los siguientes trece años. Ya más mayor seguí estudiando flauta mientras que por las mañanas iba a la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Luego ejercí de profesor un par de años más en distintas escuelas de barrio de Barcelona y finalmente lo dejé para dedicarme de lleno a mis estudios de publicidad.

A lo largo de todo este tiempo, mi relación con la música ha sido de amor-odio. La formación «clásica», la que se realiza en conservatorios requiere además, de las clases de instrumento, otras asignaturas como solfeo, armonía, análisis, estética, canto coral... Eran muchas horas y cuando uno tiene ocho años, o diez, o catorce no se tienen muchas ganas de pasarse un par de horas repitiendo la misma frase musical de un tipo alemán que murió hace dos siglos y cuyo nombre no te servirá para impresionar a una chica hasta pasados los veinticinco.

Así de niño la mayoría de mis tardes estaban ocupadas por las clases música: solfeo, flauta, además del inglés extra-escolar y diversos intentos infructuosos de practicar algún deporte(1). El poco tiempo que me quedaba lo pasaba dibujando y leyendo cómics. Hacía caricaturas de mis profesores de la escuela de música que luego les vendía por cien pesetas. Con catorce años coqueteaba con las primeras versiones de photoshop y en cuanto la potencia del ordenador familiar lo permitió, empecé a editar vídeo por mi cuenta.

Tal era mi dedicación por estos temas que en aquellos años mi profesora de flauta de la época, María Jesus Udina, me dijo que la mayoría de músicos no tenían ni idea de diseño gráfico y que un trabajo interesante en un futuro cercano sería realizar estas clase de tareas para ellos. En aquel momento me pareció que me estaba diciendo que dejara la flauta, que la dejara a ella y que me dedicara a hacer otra cosa. El efecto en mí fue todo lo contrario. Durante los siguientes años estudié más en serio que nunca flauta. Dejé la pequeña escuela de pueblo donde había crecido para ir al Conservatorio Municipal de Barcelona, «el Bruc», donde tuve a Josep María Saperas como profesor que supo sacar lo mejor de mi. En aquella época nació mi devoción por leer Allegros a vista(2) corriendo como un conductor temerario por una carretera de montaña de noche sin luces, aprendí el encanto de un largo y por primera vez memoricé los nombres de los compositores de las piezas tocaba. Entre retahíla de semicorcheras y blancas en las que esperabas que el clave tocara su cadencia me hice fan de Telemann, Loeillet y, por supuesto, de Bach.

En mi familia no soy el único que estudió música. Mi hermano mayor también estudió música pero, a diferencia de mí, él nunca tuvo dudas sobre sus estudios. Estudió en el conservatorio de Badalona, en el Liceo de Barcelona, en Sevilla, Milán, Toulouse... Con los años se especializó en la interpretación de teclados medievales: órganos, clavicémbalos y un pequeño órgano portátil muy famoso entre los siglos XIII y XIV llamado organetto del que actualmente es uno de los pocos intérpretes profesionales en Europa. Una actividad constante y perseverancia le han otorgado cierto prestigio en el circuito de conciertos de Música Antigua(3). Pasó de tocar para otros grupos para fundar el suyo propio: Tasto Solo. (ver enlace)

Recientemente decidió realizar alguna clase de acción para darse a conocer y mejorar la contratación de conciertos. Su experiencia con la agencia de publicidad con la que trabajó no fue muy buena. Por este motivo, entre hermanos, me pidió que le hiciera una propuesta. El resultado gustó a ambas partes y desde entonces soy su «Agencia de publicidad». Le llevo su site en internet, su canal de youtube, los folletos que reparte en los conciertos y en general cualquier cosa que me pida.

Así fue cómo nació la idea de este trabajo. Quería aproximarme al mundo de la música desde una vertiente publicitaria y «marketiniana». Ir más allá en mi relación con la Música Antigua y ver las implicaciones de ésta en su comunicación desde su constitución como género musical.


(…)
FRAGMENTO DE LAS CONCLUSIONES
La gran herramienta de publicidad de la Música Antigua es su propia constitución como género musical a mediados del siglo XX.  El mérito de los publicistas de las discográficas fue ser capaces de descubrir y dar a conocer por medios masivos, el atractivo del mito que se ocultaba debajo de la Música Antigua: la Autenticidad.

(…) No hay nada más atractivo para el ser humano que el mito de lo auténtico, lo puro, lo originario. De ahí su éxito como producto de consumo. El motivo por el que finalmente triunfó de nuevo la versión interpretada según las fuentes de la época la «Fantasía en La menor» de Bach frente a otras más modernas, fue que la versión antigua no era mejor, era auténtica.

(1)A estas alturas del blog a nadie debería sorprenderle esto. Es una cuestión de tiempo. Si no, preguntaos porque el blog de Messi no es tan divertido.

(2)Leer algo a vista quiere decir interpretar un pieza o un fragmento musical por primera vez, de ahí su dificultad.

(3)La «Música Antigua» es un subgénero de la «Música Clásica» caracterizado por interpretar las piezas musicales, en la medida de los posible, según los modos e instrumentos de la época a partir de las fuentes que se han conservado. 


*La fotografía que acompaña al texto la tomé yo mismo del susodicho Organetto de mi hermano. Las pinturas que lo adornan las realizó Diego Pérez.

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