El hombre más rico del mundo y la hamburguesa sintética

Juan Verdusco Mejía se levantó un domingo por la mañana. 

Se dio una ducha rápida, se vistió y bajó a la calle. Una vez en el portal pasó por delante de la farmacia y tomó la calle Verdi hacia abajo. En la esquina con la calle Teruel giró a la izquierda hasta Torrijos donde se unió al resto de madrugadores que como él caminaban por todo el ancho de la zona peatonal. Cuando alcanzó el cruce con Ramón y Cajal tumbó a la derecha hasta el quiosco que hay en uno de los extremos de una plaza un poco más adelante. Allí compró el periódico sin leer la portada. Luego, se sentó en una de las terrazas cercanas y pidió un café con leche, con la leche natural, y en vaso de cristal.

Cuando le trajeron el café, le echó media cucharada de azucar. Dio un sorbo lento. Notó como el líquido se colaba por su garganta. Entonces tomó el periódico y leyó la portada.

Debajo de un gran titular en que el ministro de economía y relaciones públicas negaba su implicación en el caso Chiuaua, del mismo tamaño, había dos noticias más. Decían así:

"El hombre más rico del mundo juega al dominó en Teruel". Y a su derecha otra : "La primera hamburguesa sintética es presentada en Londres"

La primera noticia relataba con todo detalle como el empresario uruguayo Carlos Delgado, que se había granjeado su inmensa fortuna gracias a su empresa de venta piramidal de embellecedores para maquinaria agrícola, había pasado unos días en un pueblo de Teruel. El empresario cuyos abuelos eran de dicha localidad, había llegado por la mañana al pueblo en su jet privado. Luego se había desplazado al Parador del municipio, que días antes había reservado en su totalidad para él, su familia y todo su séquito. Por la tarde después de una breve siesta en los sillones de la recepción del hotel, ataviado con unos pantalones de pana marrones, una camisa informal, y una gorra del Atlétic, se desplazó a pie al bar del pueblo. Allí estuvo toda la tarde jugando al dominó con su amigo el empresario español Joaquín Tortaquemada, también rico, y dos aldeanos que justo en ese momento estaban tomando el postre del menú del día: flan con nata. Carlos Delgado se jacta de haber sido siempre un emprendedor y de haber creado su primera empresa cuando tan solo tenía veinte años. Tiene cinco hijos y aunque enviudó hace ya ocho años no ha vuelto a casarse por respeto a su mujer, Rosalía.

En la siguiente página estaba la otra noticia, la de la primera hamburguesa sintética de Londres. El artículo del periódico explicaba como la noche anterior se había presentado en Londres la primera hamburguesa artificial, sin que ningún animal pasara por el matadero. La hamburguesa era la culminación de una investigación realizada por un laboratorio del Reino Unido a partir de células madre. Un equipo de investigadores de nacionalidad taiwanesa y gribaltareña, además de dos becarios españoles de cuarenta y cinco años, había conseguido cultivar a partir de células madres tejido muscular bovino, esto es: carne. Con mucha paciencia, habían ido apilando una a una las células en un recipiente de laboratorio circular que imitaba la forma de una hamburguesa de verdad. Cuando las células maduraron las picaron en una carnicería del conocido barrio Londinense de Worcerster, del que también es originario la salsa que lleva el mismo nombre. La investigación había tratado de recrear en un laboratorio una hamburguesa lo más parecida a una hamburguesa de verdad. Por eso, una de las técnicas más novedosas que habían desarrollado los científicos del laboratorio para la ocasión, consistía en añadir al tejido muscular bovino picado, miga de pan, sal, pimienta y una selección de especias secreta. La hamburguesa había sido cocinada en una sartén de hierro colado y degustada por el joven encargado de la cocina de un establecimiento de comida rápida cercano al laboratorio. El coste total de la hamburguesa había ascendido a 250.000 euros pero los investigadores confiaban en poder desarrollar nuevas técnicas que consiguieran abaratar su coste hasta los 2 euros que vale una hamburguesa de ternera en cualquier supermercado.

Hasta ahí.

Juan Verdusco Mejía dió otro sorbo de café, cogió varias páginas del periódico con su mano derecha, y siguió leyendo por la sección de deportes.






*La imagen la tomé prestada de internet.
**Cualquier parecido con la realidad no es una coincidencia. Ver enlaces link1, link2 


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