El Mondongo

La mañana de San Juan resacoso me encuentro a mi antiguo amigo Costa.
Está sentado en la terraza de un bar. Tiene una pila de libros encima de una mesa metálica y un café con leche al lado.
Al principio nos quedamos mirándonos el uno al otro, con las cejas arqueadas y los labios entreabiertos, como a punto de decir algo. Nos reconocemos y él me invita a sentarme.
Viste viejo y habla como Javier Aparicio(ver enlace).
“Me miras raro” dice. Aún estoy tratando de asimilarlo.
No sabe el Costa que lleva ocho años muerto.
Me pregunta que he estado haciendo últimamente. Le explico que me he venido a vivir a la capital, que he cambiado varias veces de trabajo y que ahora comparto oficina con cuatro mondongos.
“¿Qué quiere decir mondongo?” me interrumpe. Le explico que un “mondongo” es como un colega, un amigo.
El Costa me habla de los amigos que tenemos en común. Me habla de María, de Alberto y de nuestro antiguo profesor, el Corbacho, que se fue por las mismas fechas que él. Se cartea a menudo con todos ellos. Me dice que quiere escribirme y estar en contacto conmigo. Titubeo, pero no oso llevarle la contraria. Desconozco si tendrán wifi dónde sea que él se encuentra ahora pero le doy mi dirección de correo igualmente.
Cuando nos despedimos, sin querer, le llamo con la muletilla con la que llamo a todos mis amigos. Entonces el Costa me dice divertido, como si de verdad supiera lo que está ocurriendo.
“Es curioso, en los círculos en los que ahora me muevo nadie usa esa expresión”.

0 Comentarios: