Vicios


El asesino que en sus ratos libres escribe, mata normalmente por dinero. 
Otras, por venganza, otras, por justicia, por justicia poética, literaria, metafórica, irónica y otras simplemente por vicio. Lo mismo le pasa con lo que escribe.

Los relatos, la mayoría de veces los escribe por dinero, otras por justicia, por venganza, por justicia poética, literaria, metafórica, irónica y otras simplemente por vicio. Luego los publica los domingos en un periódico local bajo un pseudónimo a razón de sesenta pesos por relato.

El asesino que en sus ratos libres escribe, la mayoría de veces escribe sobre quienes mata, mata a quienes escribe y los motivos por lo que lo hace se confunden a menudo entre el filo metálico de su hoja y el teclado. En ocasiones siente que mata menos de lo que quisiera por lo que luego escribe y escribe menos de lo que quisiera pensando en cómo rajarlo. Por eso un día, al filo de la una de la madrugada, toma una decisión.

Se dirige al escritorio desde el que escribe por las noches, a la hora en que sólo se oye el zumbido de los ventiladores de los techos y las sirenas de los camiones de la basura. Abre el último cajón, aparta a un lado varios cuadernos llenos de relatos por empezar y guarda allí, con la punta mirando hacia el fondo su hoja.

Esa misma noche escribe un largo relato hasta el amanecer.

Los días siguientes sigue escribiendo, ahora a cualquier hora. Mata sobre el papel, pero a diferencia de antes no se oculta. Ya no esconde cadáveres, deja sus huellas, el nombre de sus víctimas y a menudo su propia firma. .Ahora sus cuerpos con vida leen, su muerte los domingos junto a una taza de chocolate con churros.

Algunos ríen cuando se dan por aludidos, otros le escriben cartas entusiasmados pidiendo una muerta más truculenta. Los que menos, se reconocen, leen las amenazas, cogen un tren a ninguna y desaparecen, como antes.

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