Eso era amor



Los ojos entreabiertos. Achinados.

Sentado en la taza del water a las cinco de la mañana descubro una cucaracha en el borde de la pila. Parece una sirena danesa. Erguida sobre sus patas traseras arquea el cuerpo hacia el espejo en busca del horizonte.

Tras el descubrimiento le lanzo una mirada lenta y espesa que ella me corresponde moviendo sus grandes antenas de marrón cristalino.

A esa hora de la mañana el tiempo transcurre más lento. Desde nuestras esquinas en el pequeño baño con baldosas pintadas con girasoles que compartimos, permanecemos en silencio, en un gesto de controlada indiferencia.

Con los calzoncillos en los tobillos orino sentado sin hacer ruido. Ella, hierática, hace lo propio y se frota las patas traseras por debajo de sus alas translúcidas igual que un gato que se asea.

Finalmente acabo. Me subo los calzoncillos, tiro de la cadena y me dirijo a la puerta. Al pasar por su lado, de nuevo ella finge no verme. Se mantiene en su sitio, quieta, aséptica, como si yo no estuviera.

Me dirijo a la cocina. Me pregunto si la cucaracha siempre había estado ahí. El bote tiene una tapa azul. ¿Era la cucaracha que había invadido mi espacio? ¿O era yo quien había invadido su espacio? O puede que ambos estuviéramos conviviendo el uno con con el otro sin darnos cuenta desde hacía tiempo.

Abro la puerta del baño y ella sigue ahí. Tampoco se sorprende cuando enciendo la luz.

Pulso el bote metálico de insecticida. La rocío con el polvo químico. Ahora la cucaracha sí se mueve. Aturdida cae dentro de la pica. Entonces brota todo el silencio contenido y todas sus extremidades se agitan en vano convulsamente por la superficie cóncava de la pila.

Su cuerpo yace atascado en el desagüe. Tomo dos hojas de papel higiénico, la envuelvo en una improvisada sábana mortuoria. Con cuidado la lanzo al retrete. El sonido de la cadena nos sirve de réquiem.

Me voy del baño en silencio, mientras que de fondo oigo el siseo constante del depósito del retrete al llenarse.

El sonido atraviesa las paredes y me recuerda que ella estuvo ahí y que su presencia ausente me acompañará siempre.



*El título lo tomé prestado de Ángel González (ver enlace)
**La imagen es de "Den lille havfrue" y la tomé de aquí (ver enlace) 

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